La debilidad por Porsche: un remedio, no una enfermedad

REDACTADO POR: Chris Constantine (RS: @silentcartographer)

FOTOS 912: David Hurtado (RS: @davidphotocars)

Alberto Scherb (RS: @porscherb) tiene un plan. «Tengo una lista de tareas para cada día, los objetivos a corto plazo, la lista para el próximo año, para dentro de cinco años con un sin fin de tareas que necesito hacer… y todos los días las reviso», dijo. Scherb lleva planificando su vida de manera exhaustiva desde que estudiaba ingeniería en México. Esta filosofía, casi obsesiva, le ha ayudado a conseguir tener tres Porsche en la entrada de su casa, cada uno ligado a un hito diferente en su vida.

Una de las primeras paradas en su hoja de ruta fue conseguir un Boxster de 1997, un coche del cual vivía enamorado desde el momento que lo vio por primera vez en una revista. Años más tarde compró un Boxster del 97, su primer Porsche y su segundo coche en los Estados Unidos. Este coche, al que cariñosamente llamó Isabella, sería la chispa que encendió su amor por la marca Porsche.

De los tres coches deportivos de su garaje, Isabella es su preferido para conducir por carreteras de montaña. «La conozco tan bien que sé exactamente cuándo empieza a deslizarse; y como se comporta porque ha sido mi coche diario durante muchos años», explicó.

Si bien, el amor eterno de Scherb por la marca no fue saciado con su «mini-911». Se puso una vez más, manos a la obra, con su obsesivo orden y planificación para conseguir su objetivo: un 911 de verdad para su 40 cumpleaños. «Antes de que lo mío con mi mujer fuese muy formal, le dije: ‘Cuando cumpla 40, voy a comprar un coche y no va a ser barato, aviso». Scherb no paró de configurar el 911 de sus sueños con un año de antelación, eso sí tras conseguir el sí de su chica. Llegó el momento, y con la ayuda de un concesionario meticulosamente elegido, voló a Stuttgart, Alemania, para recoger en la mítica fábrica, un Carrera S plata GT, manual de siete marchas, elegante y potente, pero a la vez discreto.

Sin embargo, ni en el exhaustivo plan de Alberto, se podía encontrar su tercer Porsche, un 912E de 1976. Un aborto inesperado dejó a su familia desconsolada, y le robó no sólo la alegría de tener una hija, sino el sentimiento de control sobre su camino por primera vez en su vida. Por razones que Scherb no puede explicar, se aferró al 912E, y compró uno durante su proceso de duelo. Mientras que el Boxster es su favorito para conducir, su 912E rojo llamado Scarlett es su coche más personal y al que tiene más cariño, ya que representa a la hija que nunca tuvo. «Nunca llegué a conocer a mi hija, ella sólo existe en mi mente cuando conduzco». También es el coche que despierta más reacciones positivas de la gente, y por lo tanto lo ha apodado su «coche feliz».

Scherb tiene claro que va seguir sumando más Porsches a la entrada de su casa durante los próximos, si bien, antes tiene que pensar y repensar claramente el motivo y plan de como conseguirlo. Su sueño es un 1973-74 911 Carrera RS, y aunque este coche ahora cuesta en el mercado casi más de 1 millón de dólares, Scherb dice que con su metodología para lograr sus objetivos no lo considera una utopía, ya que para él ningún coche de los sueños debe serlo.

«Consigue el coche que te gusta, no el coche en el que llamarás más la atención», insta. «Realmente tienes que querer algo, y planificarlo, no sólo quererlo…el coche es la peor inversión que más disfrutarás.»

Conecta con Alberto Scherb en RoadStr (RS: @porscherb)

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